La dependencia estructural de África de los mercados mundiales de materias primas ha sido evidenciada en el conflicto en Oriente Medio, de acuerdo con Vsevolod Sviridov, subdirector y experto del Centro de Estudios Africanos de la Escuela Superior de Economía de Moscú.
Según el especialista, el problema reside en que los países del continente, "profundamente integrados en el comercio mundial", tienen un papel de consumidores de combustible y productos terminados. Por consiguiente, debido a la falta de una industria sólida capaz de amortiguar las crisis, cualquier disrupción global se convierte en un desafío macroeconómico interno.
Baja capacidad de procesamiento que obliga a pagar el valor añadido extranjero
La desestabilización de las cadenas de suministro que siguieron a los ataques de EE.UU. e Israel contra Irán ha provocado una alta volatilidad en los mercados del petróleo, además de inestabilidad en otros productos petroquímicos. Estas consecuencias se vieron agravadas tras el bloqueo del estrecho de Ormuz, la ruta marítima por donde circula alrededor del 20 % del petróleo y gas del planeta.

Sviridov apunta que la vulnerabilidad africana ha sido impactada especialmente por las disrupciones del gas licuado de petróleo (GLP). Esta fragilidad empeora debido a la estructura productiva de África, caracterizada por una escasa industrialización y capacidad de procesamiento. Según estimaciones del Banco Africano de Exportación e Importación (Afreximbank), la limitada capacidad de refinado genera un sobrecosto anual de unos 30.000 millones de dólares al importar productos derivados del petróleo, obligando al continente a pagar el valor añadido extranjero.
Así pues, a diferencia de potencias industriales como India o China, que tienen la capacidad de refinar internamente y así mitigar las fluctuaciones de precios, la economía africana es más vulnerable al encarecimiento del crudo. Además, dado que el transporte por carretera es el pilar logístico y los generadores diésel son la principal fuente de energía para hogares y empresas en la región, la subida de los precios del combustible provoca un aumento inevitable y en cadena en los costos de los alimentos, materiales de construcción, transporte de pasajeros y bienes básicos de consumo.
Según el experto, el impacto será devastador especialmente para las naciones africanas que importan energía, las cuales representan cerca de dos tercios del PIB del África subsahariana. "Si la crisis actual se prolonga durante varios meses, los principales importadores netos, como Kenia, Etiopía, Marruecos, Túnez, Senegal, Ruanda, Malaui, Zambia y otros podrían experimentar un aumento de la inflación de entre 1 y 3 puntos porcentuales, además de una desaceleración del crecimiento del PIB", estimó Sviridov.
Estos posibles resultados podrían darse por el hecho de que las economías africanas apenas iniciaban su recuperación tras la crisis de deuda anterior, por lo que una crisis de intensidad "moderada" puede provocar consecuencias devastadoras en los ámbitos político, económico y social.
"Esta crisis no es del todo beneficiosa ni para los exportadores de petróleo"
Países exportadores como Angola, Nigeria, Argelia, Libia, la República del Congo, Gabón y Guinea Ecuatorial podrían beneficiarse del aumento de los precios del petróleo con un impulso temporal en sus presupuestos, mayores ingresos fiscales y un renovado interés de los inversores en el sector del petróleo y el gas.
El especialista destaca el caso de Argelia, puesto que, en este contexto, su empresa estatal Sonatrach es clave para el fortalecimiento del papel del Estado, además de permitir una mejor redistribución de la riqueza petrolera. Entre 2022 y 2023, aprovechando la subida de precios energéticos en Europa, Argelia logró estabilizar su economía y superar el estancamiento con un crecimiento del 4 %, según un informe del Fondo Monetario Internacional.
No obstante, Sviridov afirma que, a pesar de que el potencial de los recursos naturales es alto, sus beneficios a menudo se limitan debido a las rendas hacia empresas extranjeras, contratistas de servicios, comerciantes y acreedores. Además, más ingresos presupuestarios no garantizan industrialización, desarrollo sostenible o el establecimiento de extensas cadenas de producción.
Asimismo, el experto considera que esta crisis no representaría un beneficio absoluto ni siquiera para dichos países exportadores de petróleo, ya que los altos precios aumentan sus ingresos, pero también los costos de importación, seguros de equipos y mantenimiento técnico. "La paradoja de la crisis actual es que ni siquiera los países que se benefician de las exportaciones de petróleo obtienen siempre ganancias en términos de desarrollo", escribió.
África podría recibir menos "atención de las naciones de Oriente Medio"
Según el Centro de Estudios Africanos de la Escuela Superior de Economía de Moscú, las potencias del Golfo, encabezadas por Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita, Irán y Catar, se han consolidado recientemente como actores externos fundamentales en África, transformando el equilibrio de poder en el continente.
De acuerdo con el experto, incluso si el conflicto en Irán termina pronto, los países de la zona tendrán que invertir gran parte de sus recursos y capital político en gestionar las secuelas, mejorar su seguridad y reconfigurar el orden regional. "Este cambio inevitablemente reducirá la cantidad de capital, la atención diplomática y las oportunidades de inversión disponibles para África, al menos a corto y medio plazo".
Por este motivo, el especialista opinó que la situación en Irán refleja que "África se encuentra nuevamente en la posición a la que la política global la ha confinado durante décadas: obligada a lidiar con las consecuencias de crisis globales en cuyo origen no tuvo ninguna participación".
En vista a la situación actual y la posible situación futura, Sviridov concluyó que África podría superar su vulnerabilidad a las crisis externas reduciendo su dependencia estructural. Esto requiere potenciar la industria y el procesamiento local, mejorar la infraestructura energética y de transporte, y gestionar mejor los ingresos de los recursos naturales en los países exportadores. "Solo así las perturbaciones externas dejarán de transformarse automáticamente en crisis internas".


